martes, 4 de noviembre de 2008

Fin de semana familiar en Santo Domingo

El jueves viajamos a Santo Domingo para pasar el fin de semana largo que, gracias a los evangélicos, no teníamos presupuestado.

Partimos el jueves a las 8 de la tarde pensando que el trayecto no duraría más de 6 horas; sin embargo, algo que sin niños resultaba un rápido trámite, con Agustín se convirtió en una larga travesía, pues el viaje de 6 horas resultó demorar finalmente 8. Llegamos a las 4 de la mañana, pues cada detención para atender a Agustín tomó cerca de una hora.

El fin de semana transcurrió con relativa normalidad. Agustín pasó de brazo en brazo, recibiendo los cariños de sus abuelos, tíos y primos. Sin ser el centro de atención, claramente es bastante consentido de todos. Su madrina lo gozó al máximo, como si nunca lo hubiera visto.

El viernes Agustín durmió casi todo el día, lo que nos permitió aprovechar de descansar también. Nos levantamos relativamente tarde y aprovechamos de dormir una larga siesta. El sábado también bastante tranquilo, aun cuando Agustín no durmió mucho por la noche. El domingo, también relativamente tranquilo, no sabíamos lo que nos esperaba por la noche. Agustín no durmió nada, estuvo toda la noche moqueando y secretando, saliva y mocos como los típicos de un resfrío común, pero en volúmenes bastante cuantiosos.











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